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Víctor Muñoz fue una de las grandes revelaciones de Osasuna y llamó la atención de muchos equipos. También fue convocado con España, pero tras todo este torbellino buscará desconectar. Y para ello Pamplona se ha convertido en su refugio después de su temporada en el conjunto rojillo.
Solo ha necesitado un año en Osasuna para quedarse enamorado de una ciudad como Pamplona. Ha sido habitual verle salir con la familia y con amigos por el casco viejo. Le gusta pasear por allí, relajarse y también salir a tomar algo por el ambiente que encuentra.
Víctor Muñoz encantado con el casco viejo de Pamplona
Víctor Muñoz ha confesado que se siente muy cómodo en el casco viejo de Pamplona. Allí la gente no le molesta y es respetuosa con él, sin agobiarle cuando está con sus amigos. Eso le ha permitido disfrutar de una vida social cuando los entrenamientos con Osasuna le han dejado algún hueco.
No es mala zona la que ha elegido Víctor Muñoz para relajarse, con el casco antiguo, también conocido como Alde Zaharra. Tiene una población de 11.400 personas, lo que representa en torno al 5 por ciento del total de Pamplona. Por lo que no está masificado y permite al jugador pasar más desapercibido.
La muralla medieval de Pamplona
Pamplona estuvo rodeado de murallas, fortificando cada uno de los tres burgos que conforman el casco histórico. Protegieron la ciudad desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Con el crecimiento de la ciudad se fueron derribando algunas partes pero en la actualidad se conservan partes que son reconocidas como monumento nacional.
En 1571, el rey Felipe II quiso construir una nueva fortaleza en Pamplona para defenderse. Así se construyó la Ciudadela, una fortificación renacentista de antiguo uso militar, que se puso en pie entre los siglos XVI y XVII. En 2012 obtuvo el premio de Patrimonio Cultural de la Unión Europea Europa Nostra en la categoría de Conservación.
La catedral de Santa María la Real
Otro de los elementos más destacados en Pamplona es la catedral de Santa María la Real. Un templo gótico que fue construido entre los siglos XIV y XV sobre una antigua catedral románica. Aunque es dentro donde se esconden las joyas que más destacan.
El templo está presidido por una talla de madera revestida en plata de Santa María la Real. También tiene uno de los claustros mejor conservados de Europa, lo que lo convierte en un lugar especial. Construido entre 1280 y 1330, sus portadas góticas son impresionantes.