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Las tormentas eléctricas son un verdadero peligro para todas las personas, pero los datos científicos y estadísticos demuestran que los hombres tienen hasta cinco y diez veces más probabilidades de morir impactados por un rayo que las mujeres. Las estadísticas de países como Estados Unidos lo demuestran, porque el 82% de las víctimas mortales por un rayo entre 1995 y 2008 fueron hombres. Por lo tanto, la diferencia es abismal.
No, esto no tiene nada que ver con una vulnerabilidad biológica o un poder de atracción especial, sino que las diferencias en el comportamiento y en la exposición son las claves. Los hombres suelen ser personas que no se detienen tan rápido cuando están haciendo algo al aire libre cuando llega una inclemencia meteorológica. Suelen hacer más actividades de riesgo en estos contextos, como puede ser la pesca, el camping, el golf o los deportes al aire libre. Además, parece que no perciben el mismo riesgo real de estar bajo una tormenta.
Somos diferentes
Cuando las mujeres fallecen por culpa de un rayo, no se suele dar en actividades de ocio o laborales al aire libre, porque hay una diferencia en la cantidad de hombres y mujeres que se dedican a determinados trabajos. En la construcción, los agropecuarios y en tareas al aire libre, la gran mayoría de trabajadores son hombres, y algunos psicólogos como Peter Todd afirman que esto tiene un origen ancestral, porque al inicio de la civilización los hombres hacían las tareas más peligrosas para atraer a las hembras.
Los hombres siempre están más expuestos al riesgo
Esto es lo que hace que mueran muchos más en general, pero en las tormentas eléctricas también se puede apreciar una diferencia importante. Los expertos siempre recomiendan que, cuando haya una tormenta, independientemente del sexo, la prioridad debe ser encontrar un refugio seguro de inmediato y evitar actividades al aire libre. La prudencia siempre va a ser la mejor opción para evitar que después se lamente una tragedia.
Otras de las pautas que dan son alejarse de puntos altos y objetos metálicos, como cimas, lomas, árboles solitarios, postes de luz o vallas... También salir del agua de ríos, lagos o piscinas, porque el agua es conductora de electricidad. En caso de no tener ningún refugio, lo mejor es agacharse de cuclillas, con los pies juntos, la cabeza entre las rodillas y taparse los oídos.
Se calcula que hay entre 6.000 y 24.000 personas al año que mueren por el impacto de un rayo, aunque hay que destacar que la tasa de supervivencia es muy alta, porque un 90% de personas sobreviven y hay unos 240.000 casos anuales.