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Una de las cosas que más miedo da a la hora de viajar en avión o en barco es encontrarse con una tormenta en medio del trayecto. En este contexto, en algunos foros hay polémica sobre qué puede ser peor, pero los expertos lo tienen muy claro. Una tormenta suele ser más peligrosa a bordo de un barco, y sobre todo si es mediano o pequeño. Bastante más que en un avión comercial, porque cada medio de transporte tiene una interacción diferente con las condiciones meteorológicas extremas.
Hay que tener en cuenta que los barcos reciben el impacto del oleaje, el viento fuerte y los cambios bruscos de las corrientes... Y las tormentas en mar abierto pueden acabar haciendo que los barcos vuelquen o que el capitán se pierda. Además, también se incrementa el riesgo de que una persona pueda caer al mar. De hecho, hasta en grandes cruceros y ferris se pasa mal y hay cierta tensión, y eso que están preparados para afrontar estas situaciones.
Los aviones están más protegidos
Los aviones comerciales de hoy en día ya están diseñados para evitar precisamente este tipo de condiciones adversas. Cuentan con un radar meteorológico y con protocolos de seguridad adecuados para hacer frente a estas situaciones. Los pilotos rodean las tormentas o se desvían con antelación, porque las suelen tener bien controladas. Sí, es cierto que a veces estas provocan turbulencias y rayos cercanos, o el impacto de granizo en las ventanas, pero el avión no suele estar casi nunca en medio de una tormenta.
La comparación depende del tamaño
Si un avión comercial se compara con un barco grande con todo tipo de recursos, prácticamente los dos tienen el mismo nivel de seguridad. Sin embargo, si se compara un avión con una lancha o un barco pequeño, la diferencia es enorme, como es lógico. Por eso, la respuesta corta que dan los expertos es que el avión es mucho más seguro para pasar una tormenta.
De todos modos, las tormentas siguen causando mucha preocupación a los viajeros, independientemente del contexto en el que se encuentren. No dejan de ser condiciones desagradables para los viajes, porque a pesar de que uno tenga casi la certeza de que todo va a salir bien, siempre existe el riesgo, porque puede fallar cualquier cosa. De todos modos, el hecho de saber que, por ejemplo, en un avión y en barcos grandes, tienen recursos para afrontar estos inconvenientes, ya tranquiliza bastante.
Lo importante es siempre prevenir y hacer caso a los consejos de los expertos, que son los que más experiencia y más conocimiento tienen sobre todo este tipo de problemas. Así, será mucho menos probable que se produzca algún tipo de desgracia.