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Las escapadas de un día empiezan a apetecer en cuanto llega el buen tiempo y suben las temperaturas. Los que viven en Madrid buscan huir del ajetreo de la vida diaria para desconectar. Y a menos de dos horas tienen una localidad como Cuenca que tiene un casco histórico Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Los encantos de esta ciudad de Castilla-La Mancha conquistan a cualquiera que se deje perder por sus calles. Un recorrido a pie por el que disfrutar de construcciones singulares, una catedral y unas vistas privilegiadas. Todo ello con la cercanía a Madrid que es un factor muy importante.
Una catedral pionera e impactante
Para llegar a la Catedral de Santa María y San Julián vas a tener que ascender hasta la Plaza Mayor. Una subida que merece la pena para ver la primera de estilo gótico de Castilla. Fue construida en el año 1177 por mandato de Alfonso VIII sobre una antigua mezquita árabe.
Su fachada neogótica contrasta con las de otras catedrales como la de Burgos o la de León, mucho más recargadas. Además, en el siglo XX tuvo que reconstruirse después de sufrir un derrumbe. Pero eso no impide admirar su exterior y su interior, con más de 20 capillas e iluminada con grandes vidrieras.
Las Casas Colgadas, un símbolo de Cuenca
Hablar de Cuenca es hablar de las Casas Colgadas (y no Colgantes como muchos dicen por error). Desde el puente San Pablo pueden verse estas peculiares y fotogénicas construcciones. Destacan por sus balcones de manera que sobresalen sobre los acantilados de la hoz del río Huécar, de ahí su nombre.
Están ubicadas a más de 60 metros de altura y fueron construidas entre los siglos XIII y XV. Actualmente solo se conservan tres y en su interior hay un mesón (Casa de la Sirena) y el Museo de Arte Abstracto (en las dos Casas de los Retes). En este último también puedes disfrutar de elementos arquitectónicos como artesonados mudéjares, decoraciones renacentistas en algunos arcos y pinturas murales del gótico tardío.
Un paseo por rascacielos y un refugio antiaéreo
Bajar a la ribera del río Huécar te va a permitir observar con tranquilidad los Rascacielos de San Martín. Es el popular nombre que reciben las casas estrechas de gran altura de ese barrio. Con fachadas de colores, pueden ir desde los tres pisos hasta los once.
Pero también puedes visitar un refugio antiaéreo, o mejor dicho dos, que son los que están abiertos al público. Situados en las calles Alfonso VIII y Calderón de la Barca. Ambos son testigos de los bombardeos que Cuenca sufrió durante la Guerra Civil.