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Suele ser costumbre que las familias reales reciban regalos en prácticamente cada aparición pública, pero es algo menos habitual que los reyes de España reciban una herencia valorada en diez millones de euros... proveniente de un completo desconocido. Eso fue precisamente lo que pasó con Felipe VI y la reina Letizia cuando, en 2010, falleciera el boticario Juan Ignacio Balada Llabrés.
Este menorquín dividió toda su herencia y la repartió entre su familia más directa, entregándole la propiedad de su reconocida botica a los monarcas de nuestro país, a quienes jamás había visto en persona ni conocía. Sorprendidos por este regalo, Felipe VI y Letizia tomaron la decisión de inspeccionar más a fondo qué habían recibido de aquel boticario... y se encontraron con una de las boticas más reconocidas de toda Menorca.

Aprovechar el regalo
Para restaurarla apropiadamente, los reyes decidieron crear una fundación que se encargara exclusivamente de gestionar todo lo relacionado con la herencia que Juan Ignacio Balada Llabrés había dejado a los monarcas. Así nació la Fundación Hesperia, un esfuerzo humanitario, que ambos presiden de forma honorífica.
Esa organización no está adscrita a Casa Real y, precisamente por esa presidencia honorífica, opera con notable independencia de los asuntos de la familia real. Uno de sus trabajos más reconocidos ha sido la restauración y recuperación del funcionamiento de la botica de Juan Ignacio Balada Llabrés, ahora renombrada como farmacia Llabrés, ya inaugurada por Felipe VI y la reina Letizia.

Una buena causa
Desde su creación, la Fundación Hesperia ha colaborado en numerosas causas de ayuda humanitaria. Las más recientes han llegado a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania, enviando ayuda y grandes donaciones a los refugiados ucranianos. También mostró un estrecho seguimiento de la tragedia derivada por la erupción del volcán situado en La Palma.
La farmacia Llabrés, ahora restaurada y reabierta al público, está pensada como centro logístico y de operaciones de la Fundación de Discapacitados de Menorca, una de las organizaciones más estimadas y respetadas de la isla balear. De esta forma, los reyes de España han convertido una herencia de diez millones de euros en una forma de seguir ayudando a los españoles.