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Fernando Tejero, actor conocido por su papel de Emilio en Aquí no hay quien viva y Fermín en La que se avecina, ha cambiado claramente su estilo de vida al adquirir una casa en El Escorial que cuenta con más de 180 metros cuadrados. Se ha mudado del centro de Madrid y lo ha hecho para encontrar la tranquilidad y estar alejado completamente del ritmo de vida que hay en la ciudad y el tráfico. Además, con este movimiento, el artista ha encontrado un gran refugio espectacular que le permite estar en contacto con la naturaleza.
Es una casa que tiene un toque rústico y va acorde al entorno en el que está. La estética encaja muy bien con el paisaje que se ve en la Sierra de Guadarrama. La fachada es de piedra natural y es uno de los elementos llamativos de la propiedad. Así pues, se refuerza a la perfección que es un hogar tradicional y está totalmente alejado del diseño urbano más moderno. Es un hogar bastante cálido y a estas características se suma la cercanía que tiene con la vegetación gracias a la hierba y los árboles que envuelven el hogar de Fernando Tejero.
Un porche exterior muy llamativo
El porche exterior es uno de los rincones más peculiares de la mansión. Amplio y abierto, lo que hace que en él se pueda disfrutar perfectamente del entorno natural. Además, es una prolongación del interior y genera una sensación de libertad que no se ve en el corazón de la capital de España. El jardín, totalmente delimitado por piedra natural y acompañado por la vegetación autóctona, hace que sea fácil tener la sensación de un refugio privado y sereno.
El interior de la casa va acorde al exterior. Está decorada con paredes de piedra vista, muebles de inspiración vintage y detalles contemporáneos que provocan equilibrio y personalidad. Dispone, además, de una gran librería de suelo a techo, siendo este un elemento fundamental en la casa. La luz natural está presente gracias a los enormes ventanales.
No apuesta por una excesiva decoración
El dormitorio cuenta con tonos suaves, mobiliario muy sencillo y una estética acogedora. No hay mucha decoración en absoluto y parece que no tiene la voluntad de impresionar. De este modo, no carga la habitación, sino que apuesta por un entorno tranquilo, fruto de su estilo de vida en la actualidad.
Así pues, su día a día ha cambiado. Ha pasado de vivir en un piso en el centro de Madrid que tenía algo más de 180 metros cuadrados a hacerlo en El Escorial con un entorno natural y muy calmado. Demuestra que busca aislarse de su repercusión mediática y alejarse totalmente del ruido. Estima que su calidad de vida ha mejorado considerablemente gracias a este movimiento que ha hecho.