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España puede presumir de tener muchos continentes dentro de su territorio. No en vano, hay que recordar que nuestros antepasados fueron los que descubrieron y evangelizaron América, constituyendo una de las grandes y más arduas empresas del mundo, y, precisamente, de una de las zonas más identitarias de Sudamérica, el Amazonas, toma testigo la isla de La Gomera gracias a su Parque Nacional Garajonay, un santuario natural de incalculable valor ecológico y paisajístico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986.
Esta pequeña isla canaria conserva una de las mejores muestras de los bosques prehistóricos que una vez también se extendieron por la cuenca del mar Mediterráneo, donde hoy están extintos, y, gracias a su clima húmedo durante todo el año, no presenta muchas complicaciones para los turistas, que suelen ser bastantes en una zona que de por sí es bastante tranquila. La Gomera, con poco más de 20.000 habitantes, es la segunda isla más pequeña, tercera si se incluye a La Graciosa, considerada una isla menor.
La principal joya del Parque Nacional Garajonay, que tiene 40 km² de extensión y abarca cerca del 10% de la superficie total de La Gomera, es una de las mayores extensiones de laurisilva del planeta, un bosque relicto de la era terciaria que ha desaparecido en gran parte del mundo, pero que, sin embargo, sobrevive en las islas Canarias gracias a su clima húmedo y templado. Entre la protección legal de la que dispone este espacio natural hay que destacar igualmente que en 2012 fue declarado Reserva de la Biosfera conjuntamente con toda la isla.
Senderismo y playas
Los visitantes del Parque Nacional Garajonay deben saber que, debido a su importancia ecológica, está sujeto a estrictas medidas de conservación. La actividad humana está regulada para minimizar el impacto medioambiental, de manera que está prohibido dejar residuos y hay que seguir los senderos establecidos para evitar daños en la vegetación y la fauna. Eso sí, el espacio al aire libre y en contacto directo con la naturaleza permite establecer algunas rutas senderistas, entre las que destacan El Alto de Garajonay (el punto más alto), el Raso de la Bruma (hay mucha vegetación) y las Creces, un recorrido más accesible.
Por supuesto, las playas y calas volcánicas de arena negra y cantos rodados, bañadas por las aguas del Atlántico que en nada tienen que envidiar a las del Caribe, son también un elemento clave en el ecosistema de Garajonay. Las playas más populares con mayores servicios son las del Inglés, en el Valle Gran Rey, San Sebastián, Santiago o Vueltas. Para los más atrevidos, luego están las calas (La Caleta, Avalo o Alojera), que son más salvajes.