El pueblo medieval con un castillo gótico ideal para dormir en verano: 100 habitantes, construido en el siglo XIV, a los pies de un Parque Natural y un pozo de 30 metros de profundidad

Esta localidad de Zaragoza tiene un castillo convertido en hotel y uno de los rincones más sorprendentes de Aragón

El pueblo medieval que destaca por su castillo y que está en Aragón
El pueblo medieval que destaca por su castillo y que está en Aragón

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A pesar de que todavía no ha llegado el verano de marena oficial, el calor ya está presente y son muchos los que buscan escapar de él sin necesidad de recorrer cientos de kilómetros. Frente a las playas masificadas o las grandes ciudades, todavía quedan pequeños pueblos donde las noches siguen siendo frescas y el tiempo parece haberse detenido. Uno de ellos se encuentra en la provincia de Zaragoza y apenas supera el centenar de habitantes.

Se trata de Grisel, una diminuta localidad situada a los pies del Parque Natural del Moncayo que ha conseguido hacer que su principal monumento en uno de los alojamientos más singulares de Aragón. Su castillo medieval, levantado durante el siglo XIV, ha sido rehabilitado para recibir huéspedes que desean pasar la noche entre murallas centenarias sin renunciar a las comodidades actuales.

Un castillo transformado en hotel con siglos de historia

El gran emblema de Grisel es el Castillo de Grisel, una fortaleza de origen medieval construida durante el siglo XIV que domina el municipio desde la parte más elevada del casco urbano.

Más allá de convertirse únicamente en un monumento para visitar, el edificio fue restaurado respetando buena parte de su estructura original y hoy funciona como un alojamiento con encanto. Dormir entre gruesos muros de piedra, patios interiores y estancias históricas se ha convertido en uno de los principales atractivos del pueblo.

Además de su valor patrimonial, la ubicación del castillo resulta especialmente agradable durante los meses de verano. La cercanía del Moncayo y la altitud del municipio permiten disfrutar de noches mucho más frescas que en otros puntos del valle del Ebro, una circunstancia muy apreciada por quienes buscan descansar lejos de las altas temperaturas.

A diferencia de otros destinos del interior peninsular, la proximidad del Parque Natural del Moncayo y la altitud de Grisel hacen que las noches de verano sean notablemente más frescas. Esa diferencia de temperatura convierte al municipio en un refugio muy apreciado por quienes buscan descansar lejos del calor que suele dominar buena parte del valle del Ebro durante los meses estivales.

Contacto con la naturaleza y oportunidad para hacer senderismo

Grisel constituye una magnífica puerta de entrada al Parque Natural del Moncayo, uno de los espacios protegidos más conocidos del noreste peninsular. Desde el pueblo parten diferentes rutas que permiten recorrer bosques, miradores y senderos que cambian completamente de aspecto según la época del año. La riqueza paisajística del entorno convierte la localidad en un destino muy recomendable para aficionados al senderismo, la fotografía o simplemente para quienes desean desconectar durante unos días.

Su tamaño reducido también contribuye a conservar un ambiente tranquilo que resulta difícil encontrar en otros destinos turísticos durante la temporada estival.

El Pozo de los Aines, un lugar rodeado de misterio

A pocos minutos de Grisel se encuentra uno de los rincones más sorprendentes de la comarca: el Pozo de los Aines. Esto es espectacular, debido a que es una sima natural de alrededor de 30 metros de profundidad, que está abierta en medio de un campo de olivos y rodeada de un microclima muy particular. La vegetación que crece en su interior y la temperatura sensiblemente más baja que en el exterior han alimentado durante generaciones numerosas leyendas populares.

Según algunas tradiciones locales, este lugar escondía antiguos secretos e incluso se llegó a relacionar con fenómenos difíciles de explicar. Hoy continúa siendo una de las visitas más curiosas para quienes recorren la zona.

La gastronomía de esta zona

La gastronomía de la comarca mantiene una fuerte identidad aragonesa. En los restaurantes de los alrededores destacan platos como el ternasco asado, las migas, las verduras de temporada o los embutidos tradicionales, siempre acompañados por vinos de la zona de Campo de Borja, una de las denominaciones de origen más reconocidas de Aragón.

Grisel se encuentra a unos diez kilómetros de Tarazona y a poco más de una hora en coche desde Zaragoza, lo que permite organizar tanto una escapada de fin de semana como una estancia más larga para descubrir el Moncayo y algunos de los pueblos con más encanto del interior aragonés.