Eduardo Camavinga, futbolista del Real Madrid, tiene una historia de superación bastante emotiva. El francés no ha tenido nada fácil llegar al lugar en el que está hoy en día. Nació en un ambiente de precariedad e incertidubre. Lo hizo en un campo de refugiados en Angola después de que su familia huyera de la guerra que había en la República Democrática del Congo.
Los padres de Camavinga consiguieron escapar de este conflicto y creyeron que era buena idea instalarse en el campamento de Miconje, lugar en el que nace el protagonista de esta noticia. Con tres años, la familia emigra a Francia, aunque no dice adiós a las complicaciones.

Su primer club fue el Lille y el bueno de Eduardo vivió junto a su familia en Fougéres, que es una localidad muy pequeña, ubicada al noroeste del país. El entorno era muy humilde y utilizó al fútbol como vía de escape.
Su casa familiar, destruida
Con 10 años, Camavinga tuvo que afrontar un suceso bastante complejo. La vivienda familiar se destruyó por un incendio, de modo que perdieron todo lo que tenían. Un auténtico drama que se suma a que la familia no tenía una buena situación económica. Fue entonces cuando la bondad y solidaridad de los vecinos les ayudó a salir adelante.
Este episodio es clave para entender lo que es el centrocampista del Real Madrid, a día de hoy. De hecho, este duro golpe le hizo salir adelante y tener la convicción de que podía llegar a vivir del fútbol, tal y como lo está haciendo.
Su andadura en el Real Madrid
El galo llevá en la capital de España desde el 2021. Recaló en el Madrid sin hacer mucho ruido, llegando al punto de que su fichaje causó muchísima sorpresa para los aficionados. Nadie esperaba este movimiento, aunque es cierto que Juni Calafat, jefe de ojeadores, lo seguía desde hace tiempo.
La realidad es que no ha terminado de evolucionar y todavía está lejos de afianzarse en el once titular. Es un buen revulsivo para las segundas partes, pero aún no rinde como se esperaba. De hecho, es posible que pueda ser una de las salidas del próximo verano. En estos momentos no se puede descartar absolutamente nada.

Él, mientras tanto, es consciente de que puede dar mucho más. Gana 12 millones de euros al año y está muy bien adaptado a la ciudad. Es feliz en Madrid y dispone de contrato en vigor hasta 2029. Eso sí, no se descarta que llegue alguna que otra oferta por él.